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Decía John Donne en uno de sus poemas que ningún hombre es una isla. Resulta difícil rebatirlo, y más aún en tiempos de hiperconexión.

Tratando de articular un acercamiento a leyes, hemos de aceptar que somos productos del encuentro y que no podemos sobrevivir sin la ayuda de las demás personas. Por tanto, parece recomendable reflexionar sobre aquello que nos mantiene unidos, considerando después si hemos sido condenados o galardonados con la compañía.

En esta tarea, surge la idea de convivencia, para la cual se estima imprescindible el establecimiento de una serie de normas que los miembros de cada comunidad van construyendo, conservando, modificando o desechando, y que dependiendo del contexto o de la perspectiva desde la que se contemplen pueden concebirse como un regalo o bien como una penitencia. Disfrutarlas o sufrirlas.

Dado que las leyes nos indican cómo comportarnos, suponen una responsabilidad tanto individual como colectiva, desde el momento en que se proponen hasta que entran en vigor y se aplican. En este sentido, y tomando como ejemplo la ordenación del ejercicio de las profesiones del deporte en la Comunidad de Madrid, se trata de aportar una garantía social que afecta a la calidad de vida de la ciudadanía.

Tal y como expresa la citada Ley 6/2016, como profesionales debemos identificarnos ante nuestros clientes y usuarios, para que estos tengan la seguridad de estar en las manos adecuadas. Rendir cuentas, forma parte de la aceptación de las reglas de juego y no deberíamos tomarlo como un aspecto coercitivo, sino concebido por y para el beneficio de todas y todos, asumiendo nuestra posición en la cancha.

Como expertos en movimiento, a lo largo de nuestras experiencias laborales, hemos ido tomando conciencia de la necesidad de estabilidad, de puntos de anclaje donde aferrarnos para continuar con nuestro trabajo. Por ello, participar en la elaboración de referencias, que no deberían acabar en un mero papel sino en una práctica regulada, se antoja conveniente. Aprovechar el recorrido de cada persona dedicada a la actividad física, aporta un valor esencial en la configuración de una guía orientativa e integradora de la profesión.  

¿Quién no ha tenido una sensación de desconfianza al llevar el coche al taller, al reservar un alojamiento a través de una web muy económica o al comer en un sitio desconocido? Necesitamos alguna certeza, y precisamente se trata de generar conocimiento y capacidad de discernir entre las opciones razonables y las que no lo son.

El conflicto puede surgir entonces cuando tomamos decisiones basándonos únicamente en impulsos, en emociones, en el “voy a probar con este entrenador que parece que está fuerte”. Sin desestimar en ningún caso la importancia de la imagen y de las expectativas que se crean en las RRSS, deberíamos colaborar en mostrar lo que de verdad ocurre en la realidad, huyendo del consumo disparatado por moda. 

Yendo más allá de lo que parece ofrecer el mercado, interesarnos respetuosamente por la formación y cualificación de las entrenadoras y entrenadores personales, supone un ejercicio de sensatez y prudencia que nos evitará muchos disgustos posteriores.

Si el desconocimiento de la ley no exime a nadie de su cumplimiento, o, dicho de otro modo, que su ignorancia no es excusa para no acatarla, toca ahora no entenderla como un producto más que se agotará y que luego nos impondrán otro en su lugar, mejor o peor, sino como una herramienta que nos ayuda a predecir una vinculación entre personas entorno a la actividad física. Una actitud pasiva ante las reglas probablemente nos llevará a sentirnos víctimas del sistema, mientras que una predisposición positiva y activa, al menos nos generará esa sensación más agradable de “estar jugando el partido”.

Como expresión de un consenso, toda norma debería ser algo vivo adaptado y adaptable a cada contexto, donde nos atreviésemos a crear juntos y a equivocarnos, a evaluar y a retomar tareas pendientes, con el propósito de avanzar y mejorar las condiciones que configuran el mundo del deporte. 

El continuo aprendizaje en el que nos embarcamos desde que nacemos, nos ayuda a entender la relación entre la madurez y el grado de implicación en la organización de lo existente, con la intención de obtener una mayor seguridad en aquello que hacemos.

Por ello, entre las cuestiones que nos preguntamos y sin la intención de suponer un asunto cerrado, plantéate: ¿Asumes o consumes?

José Luis Carrasco

Vocal COPLEF Madrid. Licenciado en CCAFYDE – Colegiado nº 58687 Máster en Dirección de Organizaciones e Instalaciones deportivas (INEF Madrid/UPM).

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