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Akrasia” (acrasia) es la debilidad de la voluntad para hacer lo que uno sabe que tiene que hacer. Los filósofos griegos acuñaron este término para definir la falta de motivación. Ocurre cuando te pones a hacer algo sabiendo que deberías estar haciendo otra cosa.

En nuestros gimnasios y centros deportivos estamos muy acostumbrados a este tipo de comportamientos. Si todos sabemos los beneficios que aporta la actividad física y el deporte, entonces, ¿por qué no siempre hacemos lo que es mejor para nosotros?, ¿por qué no seguimos adelante con nuestros planes y abandonamos fácilmente? El efecto Akrasia implica no terminar lo que empezamos, aquello que nos hemos propuesto hacer, y se asocia a la procrastinación o falta de autocontrol.

La explicación tiene que ver con un término de economía del comportamiento llamado “Inconsistencia Temporal”, que se refiere a la tendencia de nuestro cerebro a favorecer las gratificaciones inmediatas y valorarlas mejor que las recompensas a largo plazo. Cuando nos apuntamos al gimnasio para perder peso, estamos haciendo planes para nuestro “yo futuro”. Pero cuando llega el momento de tomar la decisión, ya no pensamos con nuestro “yo futuro”, el cerebro piensa en el presente y en todo aquello que te vas a perder ahora si dedicas tu tiempo en hacer algo que únicamente te dará una recompensa en el largo plazo. Nuestro “yo presente” quiere la gratificación ya. No quiere esperar meses para sentirse bien y comprobar si ha perdido peso. Resistir la seducción de la gratificación instantánea, puede ayudarnos a construir el puente entre donde estamos (querer perder peso) y donde queremos estar (haber perdido peso). Entre los rasgos de las personas que consiguen sus objetivos, suele encontrarse la capacidad de demorar la gratificación inmediata por el trabajo de largo plazo.

En verano de 1830, el escritor Víctor Hugo se enfrentaba a una fecha límite. Debía acabar un libro para febrero de 1831, pero aún no tenía prácticamente nada hecho, y ya sólo quedaban 6 meses para que finalizara el plazo de entrega. Durante muchos meses, Hugo había estado perdiendo el tiempo en otros asuntos. Entonces Hugo desarrolló un plan para vencer su dilación. Recogió toda su ropa, y la guardó bajo llave. Tiró la llave y sólo se quedó con un gran chal. Al carecer de ropa adecuada para salir a la calle, se vio obligado a quedarse en casa, y así sin ningún tipo de distracción, escribir su libro día y noche. Finalmente, el “Jorobado de Notre Dame” acabó publicándose en la fecha acordada.

Esto es lo que se denomina “mecanismo de compromiso”, que básicamente consiste en darnos cuenta de nuestra poca fuerza de voluntad, y así obligarnos con obstáculos a no hacer aquello que no debemos hacer y obligarnos a hacer aquello que debemos hacer y que libremente no haríamos. El procrastinador tiene motivaciones, pero no tiene fuerza de voluntad para luchar por alcanzar sus metas.

Por lo tanto, el problema se traslada al terreno de la dicotomía: Motivación vs. Voluntad. Lo que parece un problema de motivación en realidad es un problema de fuerza de voluntad. Cuando una persona se incorpora a un centro fitness, lo hace de la mano de alguna motivación. Pero como sabemos esta motivación no es suficiente y se diluye con el paso de los días. Por qué, ¿si estoy motivado, dejo de hacer ejercicio físico? La respuesta la encontramos en la falta de fuerza de voluntad.

En nuestros centros deportivos podemos implementar esta metodología de «dinámica de grupos”. Se trabaja con personas que tienen el mismo objetivo y todos aprenden de las experiencias de los demás. Comunicar y compartir los objetivos con otras personas del entorno/confianza nos ayudará en los momentos en que postergamos nuestra meta, cuando nos desviamos del camino y actuamos con el “yo presente”. Esta puesta en común va a evidenciar que no sólo nos pasa a nosotros, que hay más personas que a pesar de estar motivados en perder peso o mejorar su rendimiento, abandonan. Los resultados son muy positivos: se refuerza el sentimiento de pertenencia al centro deportivo y finalmente se potencia la fuerza de voluntad.

Pero, ¿en qué se diferencian? Para el Mago More, (recomendable leer su libro “Superpoderes del éxito para gente normal”), la motivación es como el flechazo. Así, nos dice que cuando te dispones a empezar una nueva actividad, tienes un flechazo. Te apuntas al gimnasio porque sabes que es bueno para tu salud. Pero, ¿cómo mantener el flechazo con el tiempo? More afirma que la motivación es la cerilla que prende la mecha y la fuerza de voluntad es la cera de la vela. Por muchas cerillas que encendamos (motivación), si no tenemos cera (fuerza de voluntad), difícilmente podremos mantener la llama.

La fuerza de voluntad es el camino más corto para conseguir nuestros objetivos. La toma de decisiones requiere de fuerza de voluntad. Créeme, la diferencia entre una persona que alcanza sus objetivos y las que no lo consiguen, no es la falta de motivación ni de conocimiento, sino la falta de voluntad.

Si ayudamos a nuestros clientes a potenciar su fuerza de voluntad, mejoraremos su adherencia y fidelización. Es el mensaje que nos dejó Vincent Van Gogh, al decir: “Si escuchas una voz dentro de ti que dice no puedes pintar, entonces, por supuesto, pinta, y esa voz quedará silenciada.” La clave sería conocer, ¿cómo podemos trabajar la fuerza de voluntad?

Las sesiones de terapia de grupo son un método de trabajo que busca encontrar solución a los conflictos y la problemática emocional que las personas traen a consulta con las ventajas que presenta una intervención grupal. El grupo se convierta en un apoyo para la persona. Un lugar donde sentirse totalmente comprendido y entre iguales. La experiencia de compartir vivencias y emociones puede resultar muy satisfactoria y favorecer el cambio.

En nuestros centros deportivos podemos implementar esta metodología de «dinámica de grupos”. Se trabaja con personas que tienen el mismo objetivo y todos aprenden de las experiencias de los demás. Comunicar y compartir los objetivos con otras personas del entorno/confianza nos ayudará en los momentos en que postergamos nuestra meta, cuando nos desviamos del camino y actuamos con el “yo presente”. Esta puesta en común va a evidenciar que no sólo nos pasa a nosotros, que hay más personas que a pesar de estar motivados en perder peso o mejorar su rendimiento, abandonan. Los resultados son muy positivos: se refuerza el sentimiento de pertenencia al centro deportivo y finalmente se potencia la fuerza de voluntad.

También podemos ayudar a reforzar la fuerza de voluntad de nuestros clientes de manera individual, mediante el “anclaje” de aquello que supone un esfuerzo y una gratificación futura con algo que nos motiva y nos aporta gratificaciones inmediatas. Sirva como ejemplo la persona que debe perder peso y le gusta leer libros. El anclaje consistirá en hacer ese esfuerzo (ejercicio físico) mientras hace algo que le encanta (escuchar audiolibros). A partir de ahora sólo podrá escuchar audiolibros mientras hace deporte. Y seguro que lo cumplirá si le da todos sus audiolibros a una persona del gimnasio.

En definitiva, la falta de voluntad (Akrasia) puede ser combatida con estrategias que implementemos en nuestros centros fitness. Tal y como nos dijo Albert Einstein: “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”. Y trabajarla es una oportunidad para todos los gestores deportivos.

Vicente Javaloyes

Licenciado en  Derecho.
Experto en gestión del Deporte. Profesor en diversos Master en Dirección, Derecho Y Gestión Deportiva: INEFC Universidad Lleida.

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