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Existen dos tipos de tensión arterial: 1.- sistólica o máxima (PAS); y 2.- diastólica o minima (PAD). La PAS corresponde a la presión ejercida por la sangre sobre las paredes de los vasos sanguíneos cuando el corazón se contrae; y la PAD se asocia a la misma presión cuando el corazón se relaja. Una PAS de 130 y una PAD de 70 se anotarían a modo de 130 sobre 70 o bien (130 / 70) en el historial clínico.

Por lo general la hipertensión arterial suele tratarse mediante una amplia gama de fármacos antihipertensivos que poseen efectos colaterales, y dentro de los cuales se encuentran la depresión y la impotencia. No obstante, la realización de una es una sana y divertida alternativa a los fármacos.  

El ejercicio físico terapéutico al cual nos referimos es de naturaleza aeróbica, realizado entre tres a cinco veces por semana, y a una intensidad moderada. Tal actividad sería el primer y paso en cualquier recomendación para controlar la hipertensión arterial leve. Tal grado de hipertensión corresponde a una PAS entre 140 y 160 mmHg o una PAD entre 90 y 100 mmHg. El milímetro de mercurio (mmHg)​ es una unidad de presión manométrica, anteriormente definida como la presión ejercida en la base de una columna de mercurio (Hg) de un milímetro de altura.

El mecanismo fisiológico de acción del ejercicio físico consiste en una reducción del tono nervioso simpático (lucha o huida) y un aumento concomitante del tono parasimpático (tranquilidad y relajación). De esta manera el ejercicio físico neutraliza parcialmente el efecto vasoconstrictor de la adrenalina produciendo disminución de la tensión arterial. Además, la reducción del porcentaje de grasa corporal, en función del ejercicio físico, también contribuye al descenso de la tensión arterial.

El DR. Gerald Reaven (1928 – 2018) fue un eminente endocrinólogo en la Universidad de Stanford que definió el síndrome de Reaven, tambien conocido como síndrome X, o síndrome de resistencia a la insulina. Se trata de un conjunto de factores fisiológicos, bioquímicos, clínicos, y metabólicos que aumentan el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular o diabetes mellitus tipo II, y fallecer por ello. Tales factores son: 1.- resistencia a la insulina; 2.- obesidad; 3.- dislipidemia aterogénica; 4.- disfunción endotelial; 5.- susceptibilidad genética; 6.- hipertensión arterial; 7.- hipercoagulabilidad sanguínea, y 8.- estrés crónico. Las causas subyacentes se relacionan con la inactividad física, exceso de calorías, azúcar, grasas, sal, y el entretenimiento pasivo. La realización de ejercicio físico regular tiende a neutraliza los múltiples factores de riesgo mencionados.

El criterio fisiológico para implementar tal actividad consiste en realizar ejercicios aeróbicos durante 20 a 60 minutos al día, 3 a 5 veces por semana (1 y 5 horas por semana), y entre el 60% y el 90% de la frecuencia cardiaca máxima (FCM). La FCM se obtiene restando la edad actual del número 220. A partir de ahí se calcula el porcentaje deseado.

En determinados casos es posible combinar algunos fármacos antihipertensivos con la actividad física.

Los diuréticos, debido a su mayor o menor efecto sobre la perdida de fluidos extra e intracelulares, así como la perdida de potasio, no son fármacos recomendables para los deportistas.

Los betabloqueantes (bloqueantes beta-adrenérgicos) no selectivos actúan disminuyendo el gasto cardíaco y la secreción de renina, y reducen la tolerancia al ejercicio y el nivel de esfuerzo percibido. Aumentan el potasio serico durante el ejercicio y alteran la disipación de calor mediante la reducción del flujo de sangre a la piel o por vaso constricción refleja indirecta. También es posible que se produzcan crisis de hipertermia. Los betabloqueantes selectivos si constituyen una alternativa viable ya que producen menos efectos secundarios que los no selectivos.

Los inhibidores de la enzima conversora de angiotensina (IECA) y los bloqueantes de los canales de calcio (BCC) poseen un perfil bajo de efectos secundarios para los deportistas que se ejercitan. El prazosín y el doxazosín también se vinculan con muy pocos efectos secundarios en deportistas activos.

Los IECA fueron desarrollados para producir el bloqueo específico del sistema renina – angiotensina – aldosterona. Son medicamentos que actúan en el punto en que ocurre la transformación de la angiotensina I en angiotensina II. Poseen efectos vasodilatadores, hipotensores, y diuréticos.

Si bien los diuréticos y los betabloqueantes son los agentes terapéuticos de primera línea para el control de la hipertensión en la población general, el potencial de estos fármacos para producir efectos colaterales secundarios indeseables en deportistas es mucho más alto y, por lo tanto, desaconsejable.

Finalmente, científicos de la Universidad de Adelaide (Australia) recientemente confirmaron que los suplementos naturales de ajo son vasodilatadores y diuréticos y que, por lo tanto, sirven para controlar la tensión arterial.

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