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Al replantearnos el significado del término compromiso, es muy posible que nos vengan a la memoria diversas ocasiones experimentadas a lo largo de nuestras vidas a partir de las cuales hemos ido modificado la interpretación del mismo, jugando con su supuesta maleabilidad. En cualquier caso, suscribiendo las palabras del filósofo asturiano César Rendueles, parece coherente entender que “el modo en que otras personas dependen de nosotros contribuye a nuestra educación”, dentro de un proceso de largo recorrido que transitará por etapas en las que la asunción de responsabilidad será crucial.

En tiempos aparentemente marcados por influencers y followers, la Deontología, como rama de la ética relacionada con el conjunto de deberes y principios que afectan a una profesión, queda en la retina de pocas personas frente a aquellos “traficantes” que venden moda, y, en nuestro caso, facilitan una imagen que poco tiene que ver con la salud. Resulta peligrosamente habitual el comercio con una serie de productos creados al margen de las necesidades reales de los seres humanos, “envasados al vacío” y vacíos de contenido compatible con un desarrollo natural. Aprovechando un atractivo vaivén de tendencias embriagadoras, se va generando una atmósfera plagada de fotos y carente de evoluciones, de “durantes”.

Multitud de fábulas, fantasías o quimeras con final feliz y perpetuo, podrían servir como título para las increíbles historias que en la actualidad campan a sus anchas, obviando el alcance de las ciencias de la actividad física y del deporte. Esta falta de consideración con respecto a estudios refutados, elaborados conforme a un método, contextualizados y argumentados racionalmente, son el pan nuestro de cada día, tanto en la red como en espacios físicos.

Por ello, discernir entre realidad y ficción, mostrando a la ciudadanía, entre otros aspectos, las beneficiosas posibilidades biomecánicas de su cuerpo, así como los riesgos que entrañan determinadas acciones, son algunas de las tareas en las que debemos empeñarnos aquellas personas que elegimos el camino largo, el que nos hace revisar cada teoría y compararla con la experiencia, el que nos obliga a preocuparnos por las circunstancias concretas en las que emplearemos una o varias de las herramientas de las que nos hemos ido surtiendo.

Estamos convencidos de la necesidad de confluir, debatir y llegar a consensos deliberados entre gente comprometida, con una estación de paso inalterable: el respeto. Simplificar, abreviar y trivializar, no siempre son buenos consejeros. Como dice el refrán: “El atajo da trabajo”.

Si visitamos la página web de la RAE y nos interesamos por el anglicismo hobby, nos encontraremos con una “actividad que, como afición o pasatiempo favorito, se practica habitualmente en los ratos de ocio”, es decir, ajena o al menos alejada de la idea de profesión. Muchas son las personas que con el tiempo y la dedicación suficientes han hecho de un entretenimiento inicial su medio económico de vida, pero sin duda no han sido pocos sus esfuerzos por conocer a fondo la disciplina a la que hayan querido entregarse.

Al igual que, a la hora de reformar nuestro hogar, dudaríamos de un presumible arquitecto cuyas credenciales fuesen haber visualizado durante tres semanas seguidas los programas de televisión “Tu casa a juicio” o “Decogarden”, gozar de buen gusto para la ornamentación o tener un salón de cine, no deberíamos poner las decisiones referentes a nuestro entrenamiento en manos de alguien sólo porque nos mostrase su abdomen escultural, una imagen de Instagram desayunando cereales de espelta, con leche de avena y fresas, o haciendo dominadas con una mano y cincuenta kilos atados a su cintura.

Proyectando sobre el mundo del fitness la metáfora del marinero, esbozada el siglo pasado por el pensador austriaco Otto Neurath, podríamos imaginarnos nuestro sector en una circunstancia crítica en la que las embarcaciones o estructuras de referencia, han ido sufriendo una serie de daños y destrozos en alta mar, debidos a “temporales”, que requieren reformas empleando elementos antiguos o ya usados, materiales a la deriva o la imaginación que necesita alguien que no cuenta con la posibilidad de llevar su nave a puerto para implementar esas transformaciones urgentes, si no quiere hundirse.

Esta improrrogable renovación requiere la evaluación de la tripulación, con el objetivo de limpiar de polizones o free riders las plantillas de nuestros barcos, ofreciéndose a todo el mundo que realmente apueste por pertenecer a nuestra profesión la posibilidad de incorporación a los procesos de formación indispensables para ofrecer un servicio adecuado.   

Con la intención de salvar fachadas y escaparates ilusorios, presentados por autoproclamados gurús superficiales e irreverentes, surge este granito de arena para colaborar colectivamente en una concienciación social que otorgue el valor necesario al ejercicio físico.

Alicia Martín

Presidenta COPLEF de Madrid Licenciada en Educación Física. INEF de Madrid. UPM. Titulada Superior en el Ayuntamiento de Madrid.

José Luis Carrasco

Vocal COPLEF Madrid. Licenciado en CCAFYDE – Colegiado nº 58687 Máster en Dirección de Organizaciones e Instalaciones deportivas (INEF Madrid/UPM).

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