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La epilepsia es una enfermedad esencialmente crónica del sistema nervioso. Se presenta por accesos más o menos frecuentes, caracterizados unas veces por perdida súbita del conocimiento, convulsiones clónicas y tónicas, y coma, y otras veces por sensaciones vertiginosas u otros equivalentes. Se caracteriza por la aparición de una actividad eléctrica anormal en la corteza cerebral que provoca ataques repentinos caracterizados por convulsiones violentas y pérdida del conocimiento. A diferencia de la opinión común, la epilepsia es una afección que no dura toda la vida.

Una serie de estudios han demostrado que la tasa de remisión de la epilepsia sin convulsiones al tomar medicamentos durante dos a cuatro años es del 65% al 75%, después de retirar los fármacos anticonvulsivantes. Gran parte de estas remisiones son permanentes y muchos de los relapsos o recaídas se producen en los primeros meses o en el año siguiente a la retirada de la medicación antiepiléptica.

Ahondando históricamente en el tema, existen documentos médicos antiguos que relatan como las convulsiones epilépticas relacionadas con la actividad física son muy infrecuentes. Además, tales documentos sugieren que un programa regular de actividad física tiende a beneficiar la inhibición de las convulsiones. Es posible que tal inhibición dependa de los siguiente cuatro factores: 1.- liberación de beta endorfinas en el cerebro; 2.-  cambios en el equilibrio acidobásico; 3.- inhibición sensorial; y 4.- el aumento de la vigilancia y la atención.

Por lo general los deportistas que sufren ataques epilépticos tienden a participar poco en las modalidades competitivas. Esto se debe a que la actividad física puede afectar la concentración plasmática de los fármacos anticonvulsivos en los deportista de dos maneras distintas: 1.- reduciendo los niveles séricos de los fármacos anticonvulsivos por su efecto inductor de enzimas hepáticas; y 2.- aumentando los niveles séricos de los fármacos anticonvulsivantes por la cetosis que se produce en el periodo post actividad física. La cetosis es un estado metabólico en el que el organismo obtiene la energía mediante el catabolismo de las grasas en vez de los carbohidratos.

Si bien es posible que se produzcan ciertas alteraciones metabólicas, existen estudios más recientes, en los cuales se utilizaron los fármacos antiepilépticos fenitoína y acido valproico, que apuntan hacia el echo de que la actividad física no altera de forma significativa los niveles de dichos fármacos en suero. Por tal motivo el deportista epiléptico queda libre para la práctica del deporte, incluyendo los deportes de contacto como el rugby, el boxeo, el futbol americano, o los saltos de ski.

En base a amplios estudios longitudinales parece ser que los repetidos impactos a la cabeza producidos en tales deportes no tienden a aumentar la frecuencia de las convulsiones epilépticas – siempre y cuando el deportista este correctamente diagnosticado, medicado, y controlado. Por lo tanto, ante la pregunta: ¿se debe permitir que un deportista epiléptico, cuyos ataques convulsivos se encuentran totalmente controlados, y después de haber estado libre de convulsiones durante un año, participe en deportes de contacto? – la respuesta es un rotundo SI.

Con respecto a las posibilidades de muerte accidental de un deportista epiléptico en el curso de su convulsión, la causa más frecuente suele ser el ahogamiento. No obstante, este hecho puede contrarrestarse nadando siempre en la presencia de un acompañante competente.

Los fármacos anticonvulsivante utilizados por el deportista pueden llegar a producir efectos secundarios indeseados e incluso interferir con el nivel de su rendimiento. Los efectos secundarios derivados de tales fármacos suelen ser los siguientes: 1.- fatiga; 2.- somnolencia; 3.- mareos; 4.- diplopía (visión doble); 5.- reducción de la concentración mental; y 6.- ataxia (alteración a nivel del cerebro, cerebelo, o médula espinal que afecta el control y la coordinación de los movimientos voluntarios). Los fármacos antiepilépticos no solo se utilizan para tratar los ataques epilépticos sino también en psiquiatría, específicamente en los trastornos bipolares.

Como último debemos aclarar que el ejercicio físico, aunque con poca frecuencia, si es capaz de producir convulsiones en tales personas. De hecho las convulsiones inducidas por el ejercicio físico pueden ocurrir en cualquier momento durante el ejercicio prolongado como sería el caso de maratones y triatlones. Tales convulsiones suelen relacionarse con serias perturbaciones metabólicas subyacentes como: 1.- hiponatremia (baja nivel de sodio en plasma); 2.- hipomagnesemia (bajo nivel de magnesio en plasma); y 3.- hipoglucemia (bajo nivel de glucosa en sangre).

Guillermo Laich

Director médico Centro Médico de las Rozas. Especialista en Cirugía Plástica, Reconstructiva y Estética (MIR). Profesor de Patología Medica y Quirúrgica.

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