Hace alrededor de dos siglos el ilustrado Voltaire nos aconsejaba que juzgásemos a las personas más por sus preguntas que por sus respuestas. Es momento de jugar desde su pensamiento.

Saturando cada día las portadas de multitud de medios de comunicación, la política y el deporte empapan nuestras conversaciones en cualquier encuentro en el que nos veamos inmersos.  Conocimientos, emociones y evaluaciones subjetivas se entremezclan para alzar la voz a favor o en contra de la alineación que ha planteado un entrenador, el programa electoral de una formación política o la decisión controvertida de un árbitro.

Pese a la disparidad mostrada en cuanto a la percepción o estima que expresa la población sobre los profesionales dedicados a ambos ámbitos, sus referentes presentan más similitudes de las que en un principio podríamos suponer. Como muestra, se puede afirmar que en los dos casos se comparte la supuesta intención de mejorar la calidad de vida de la ciudadanía, un contexto donde aparecen unas “reglas de juego” a seguir por los participantes, la competitividad entre actores o la consideración de ser instrumentos privilegiados para transmitir valores.

En uno y otro sector se pretende resolver conflictos asociados a diversos deseos y necesidades humanas, empleando de la mejor manera posible los recursos disponibles. La duda surge entonces a la hora de reflexionar sobre el origen de los programas mágicos o sanadores que se proponen. ¿Se trata de recetas precocinadas? ¿Las fórmulas mostradas tienen en cuenta las circunstancias de aquellas personas sobre las que se pretenden aplicar o surgen “desde arriba” mirando tan sólo de reojo a un público poco exigente? Parece recomendable sospechar de las soluciones universales que ambicionan seducirnos con un frecuente “fíate de nosotros, que vamos a terminar con el paro de la región en 6 meses”, o un “yo te hago perder 6 kilos en una semana con un HIIT”. ¿Dónde quedó la honestidad?

Cuestionarse si estamos participando en monólogos o en diálogos, atravesando el ruido de modas aceleradas, puede ser un acertado comienzo para valorar las particularidades de nuestros usuarios y clientes, los cuales merecen conocer tanto las consecuencias y los posibles beneficios como las contraindicaciones y riesgos de la práctica deportiva. Derechos de unos y deberes de otros han de armonizarse.

Escuchar y conocer la historia de cada individuo y grupo con los que trabajamos, además de enriquecernos en lo personal, nos servirá para comprobar la necesidad de formarnos, de llenar y vaciar nuestra maleta de herramientas profesionales constantemente. Desaprender y reaprender.

Son ya demasiadas las promesas incumplidas en ambos campos y por este motivo se antoja urgente retomar la responsabilidad que nos compete, asumiendo que más allá de nuestra titulación o posición, la conciliación de intereses y la cesión o flexibilidad relativa, tan inusual en los tiempos que corren, son elementos fundamentales en cualquier debate. Por muchas teorías científicas y argumentos refutados que demuestren el enorme provecho que se puede extraer del trabajo en suspensión con un TRX o de la flotación relajada en una piscina, olvidar factores psicológicos como el miedo de cada persona o sus lesiones previas pueden tener como resultado el abandono de la práctica deportiva o, peor aún, acabar en un indeseado accidente. La salud no es un producto de consumo en masa.

Tanto en el mundo del deporte como en el de la política, emerge un concepto por encima de cualquier otro: El poder. Sabiendo que este se refiere a una relación habitualmente asimétrica entre seres humanos, referida a la capacidad para condicionar o modificar la conducta del otro, no deberíamos olvidar que estamos hablando de un préstamo de la ciudadanía.

Poco importa la libertad de expresión cuando nadie atiende la llamada. La confianza, como la mayoría de las actitudes, tiene sus límites. Cuando las personas que depositan sus esperanzas en nosotros no observan los resultados augurados, puede ponerse en marcha uno de los mecanismos sobre los que más se discute últimamente: La rendición de cuentas. Es entonces cuando nos llevamos las manos a la cabeza y nos preguntamos sobre aquellos factores que no hemos considerado en su justa medida. Por suerte, sólo se escucha una vez lo que dices; luego se atiende a lo que haces. ¿Marketing? Si, por supuesto, pero innegociablemente acompañado de decencia y ejemplaridad.

Hablar sin intención de subordinar, de modo que sea posible el entendimiento con un lenguaje fácil y cercano, sin buscar culpables sobre los fracasos sino alternativas que ilusionen y se adapten a las necesidades de cada cual, nos permitirá convivir y organizarnos dando valor al durante, siendo conscientes de que el éxito de las normas radica en que sean convenidas, aceptadas y reconducidas.

No es tiempo para populismos y héroes o heroínas arrogantes, hechos a sí mismos. Es hora de preguntarnos si realmente conversamos, de construir y reconstruir conexiones sinceras.

Alicia Martín

Presidenta COPLEF de Madrid Licenciada en Educación Física. INEF de Madrid. UPM. Titulada Superior en el Ayuntamiento de Madrid.

José Luís Gómez Calvo

José Luis Gómez Calvo

Experto en seguridad en el ámbito deportivo.

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